Tercera parte

En la charta estaban indicados también el nombre y la edad del niño que a el se vinculaba, la duración de su aprendizaje, sus obligaciones morales en hacerse cargo de las funciones que se le otorgaban, en cumplir y respetar las obligaciones debidas a su condición y cuanto se le debía corresponder, en bienes o dinero, una vez concluido el periodo establecido.

Se trata, por lo tanto, de un contrato completo, con todos sus elementos constitutivos y que sancionaban una serie de obligaciones recíprocas. Su estipulación por parte de los artesanos podía ser una obligación determinada por las mismas ordenanzas, o estatutos de los gremios como se llamaban las cofradías profesionales en Sardegna, por su directa procedencia catalana.

Estos contratos contaban también con el “derecho de sustracción” del qué estaba realizando el aprendizaje, en caso éste fuera ya asignado a otros. Una vez asignado con contrato en plena regla, el joven se comprometía a respetar el contrato y, durante la vigencia de este, renunciaba a negociar sus condiciones. En caso contrario el joven podía dirigirse al mayoral del gremio (al cual pertenecía su “amo”) ya que éste desempeñaba también la función de vigilar sobre estos aspectos de la profesión para evitar cualquier abuso

Rosa Gatti
Marco Schirru