Cuarta parte

La presencia de cláusulas que vinculan a los mossos (o sea los jóvenes que efectuaban el aprendizaje) a una postura recta y honesta, y las de relativas sanciones en caso de robos parece subrayar cierta desconfianza hacia los mossos.

Además de las cláusulas en muchos casos se encuentra, dirigida a los mossos, una explicita prohibición de escaparse de su nueva residencia, que a menudo era el interior de los talleres donde trabajaban cada día; esto deja claro que la vida por aquel entonces era bastante dura. Las huidas no debían de ser una excepción ya que casi en la totalidad de contratos hay cláusulas que en caso de huida del mosso obligaban el padre, o quién garantía por el hijo, a recuperar el joven y devolverlo al amo, haciéndose cargo de los gastos. Esta situación aclarece el estado de  total privación de libertad a los que  los niños estaban sometidos también por muchos años.

No faltan críos bajo contrato ya en edad infantil, lejos de sus poblaciones de procedencia e imposibilitados a recibir visitas de sus padres. Por lo tanto no es difícil intuir su sufrimiento; cabe subrayar la procedencia de los niños: la mayoría venía de aldeas alejadas de Cagliari, otros de la provincia de Nuoro, Oristano y Sassari.

Con respecto a la duración, no escasean los contratos que vinculan los niños para muchos años aunque la mayoría establece 7 u 8 años, hasta 10 e incluso más en caso de niñas.

El encartement, en los términos indicados hasta ahora, se refiere exclusivamente a niños de sexo masculino. La estricta separación de los papeles según el sexo, de hecho, no permitía el acceso de las niñas a ninguna profesión. Con respecto a ellas este tipo de contrato está casi siempre dirigido al simple servicio doméstico.

Rosa Gatti
Marco Schirru