Castello

Cagliari: el barrio de Castello visto desde el cerro de BonariaEl barrio de Castello domina  Cagliari desde la cima de un cerro calcáreo al centro de la ciudad: su perímetro se demarca entre la calle Manno, la avenida Regina Elena, la avenida Buoncammino, la calle Porcell y la calle Santa Margherita.

Castello desde su edificación ha sido el barrio fortificado de Cagliari, sede de las administraciones de la ciudad y de los virreyes que se han sucedido en el Palacio Real (conocido también como Palacio del Virrey). Los habitantes originarios (que hoy escasean) hablan un sardo particular, que difiere de las otras variantes presentes en la ciudad por el acento y el colorido conjunto de expresiones originales.

Las fachadas de los antiguos edificios de Castello
La catedral de Cagliari vista desde el Terraplén
Panorama del barrio de Castello y del Gulfo de Cagliari desde la calle Fiume: en primer plan la cúpula orientalizante de la Basílica de Santa Croce (foto: Francesca Vacca)
Cagliari, barrio de Castello: la torre de San Pancrazio vista desde el Terraplén (foto: Francesca Vacca)
Cagliari: panorama del barrio de Castello visto desde Stampace (foto: Francesca Vacca)
Detalle de la Torre di San Pancrazio (foto: Francesca Vacca)

A partir de su fundación y para un largo tiempo (más de seis siglos) el Castello no estaba habitado por habitantes autóctonos ya que allí vivían las familias de la nobleza procedentes de otras tierras (Pisanos, Genoveses, Españoles, Austriacos, Piemonteses) que se sucedían en el dominio de la ciudad y de la isla. Al ocaso, desde las torres fortalecidas se oía el sonido de las trompas, cual aviso, para que los sardos al interior de las murallas dejaran la ciudad, cuyas puertas se cerraban hasta la madrugada. Aún hoy en día, por esta razón, sobrevive el modismo “Me han echado al son de la trompeta”.

El barrio de Castello, que para muchos siglos ha sido el centro de la administración y el “corazón noble” de Cagliari. Abunda en testimonios del pasado, monumentos y otras atracciones de carácter cultural.

Merecen una mención particular las fortificaciones medievales, cuya edificación empezó bajo la dominación de Pisa para acabar en el siglo XIX. La Torre del Elefante y la Torre de San Pancrazio ofrecen maravillosas vistas a la ciudad, así como los diferentes bastiones: él de Santa Croce, él del Sperone, él de Saint Remy que abarca con su monumental escalera del siglo XIX los antiguos baluartes de la Zecca y de Santa Caterina). El antiguo cuartel San Carlo, conocida como el “gueto de los judíos”, en la actualidad está destinada a espacio cultural a través de la organización de exposiciones temporáneas.

El barrio de Castello cuenta con muchos edificios históricos: el Palacio del Virrey, el Palacio de Ciudad, el Palazzo de le Seziate, la sede del Arzobispado, el Edificio de la Universidad y el Palacio Boyl, que engloba la antigua Torre del Águila. La arquitectura religiosa también ofrece al visitante obras de gran valor histórico y artístico: además de la Catedral, edificada por los pisanos y repleta de testimonios históricos y elementos artísticos de épocas siguientes, hay otras seis iglesias: la Iglesia de la Purísima, la Iglesia de Santa Lucia, la Iglesia de la Madonna della Speranza y la Iglesia de Santa Maria del Monte, edificadas en estilo gótico-aragonense; la Basílica de Santa Croce y la Iglesia de San Giuseppe Calasanzio, realizadas segín el estilo barroco.

En el barrio de Castello además encontramos un moderno polo museal (la Ciudadela de los Museos), edificado en el área que en origen hospedaba el Regio Arsenal; el polo de la Ciudadela incluye el Museo Arqueológico, la Pinacoteca Nazionale, La colección de Ceras Anatómicas Clemente Susini” y el museo “Stefano Cardude arte siamés.

El barrio de Castello, en comparación a otros barrios históricos cómo Marina y Stampace, cuenta con un número inferior de locales, tiendas, bar y restaurantes. Sin embargo, especialmente por la noche, en los últimos años el barrio ha vuelto a la vida con la apertura de locales muy variados en cuanto a tipología y público, desde los bares de diseño en el Bastión de Santa Croce y de Saint Remy hasta bodegas “alternativas” de la calle Lamarmora y los pequeños e íntimos restaurantes. Son presentes, además, numerosos talleres de arte y artesanía (pintura, escultura, conservación y restauración de madera) y tiendas de antigüedades particularmente interesantes. Una mención especial va a la tienda de antigüedades y modernidades de plaza Carlo Alberto, propiedad de la elegante y competente Biba. Todo esto contribuye al gran encanto del barrio de Castello que, con sus calles estrechas, las escaleras y la placitas que se insinúan en medio de antiguos edificios e desembocan en vistas impresionantes, constituye uno entre los espectáculos más sugerentes de la ciudad de Cagliari.

Cagliari: vista desde el barrio de Castello con la Torre del Elefante (foto: Francesca Vacca)